Miedo a perder más que el deseo de ganar

¿Quién puede definir lo que es una oportunidad? Pues nos encanta hablar de ellas.

Es una palabra con una connotación positiva increíble, pero ¿cuántos de nosotros realmente sabe identificar una oportunidad?. Yo al menos no tuve esa materia en mi pensum de estudio.

Lo que no significa que no haya aprovechado alguna. En mi caso, pienso que logré atajar unas cuantas, que son justamente las que me han definido a lo largo de estos 50 años de vida. Pero ¿logré ver todas? No lo creo. Mirando hacia atrás, y con profunda reflexión, puedo ahora darme cuenta que hubieron muchas más, incluso las que ni siquiera puedo ver ahora. Pero así como las oportunidades existen, también he podido concientizar mis mecanismos para “evitarlas”, esos momentos de letargo en los que comúnmente me he sumido producto de mi cotidianidad, y ahora, como si fuesen “ventanas emergentes” en mi cabeza, comienzan a rondar las típicas preguntas del “¿Y si hubiese ….?

Y no me refiero sólo a lo profesional, porque en nuestro ámbito emocional, o en la salud, también tenemos las dichosas oportunidades. Es una mala costumbre que tenemos de mirarlas sólo a través de los ojos del dinero que recibo por ellas.

Ahora bien, ¿por qué no logramos verlas? ¿No será mas bien que las dejamos pasar?

Culturalmente, nuestra educación se basa en el miedo, que nos advierte continuamente de ser “castigados” si no hacemos o cumplimos con una sociedad que nos exige entrar en sus patrones de conducta y de consumo. Nuestros padres manipulan desde niño nuestro temor, con la amenaza de sentirse decepcionados. Y ¿quién no quiere ser un “digno” hijo de sus padres? No serlo implica en nuestras mentes la pérdida de su afecto. ¿Cuántos no les escuchamos decir que podíamos hacer con nuestras vidas lo que mas quisiéramos mientras fuésemos a la universidad? No digo que eso haya estado mal, sólo digo que es una contradicción, manejada desde la manipulación del miedo.

Una de las frases que más resonó en mi cabeza cuando comencé en ventas, hace como un millón de años, leyendo a uno de mis primeros maestros, el autor Anthony Robbins fue: “el miedo de perder es más fuerte que el deseo de ganar”. Contundente ¿no?. Hay que tener mucha humildad para reconocer que muchas veces nos movemos en esta vida por temor, incluso en decisiones tan grandes o tan pequeñas, que son capaces de moldear nuestra vida. Tanto es así, que el mundo de las ventas se la adjudicó como estrategia, y aún la repite como si fuese un mantra.

Muchas son las anécdotas que puedo nombrar en mi experiencia, o en la tuya, que ilustren este pensamiento. La soledad es un buen ejemplo, ¿quién no ha sentido miedo de ella?. ¿A cuantas personas no les has escuchado decir, después de años de matrimonio, la excusa de que prefieren permanecer en una relación incierta, “sólo por el bien de sus hijos”? ¿Quién dijo que eso es mejor para los niños?. O aquellos que no asumen la responsabilidad que tienen consigo mismos cuando prefieren decir que no saben el por qué no “pueden” bajar de peso, después de “intentarlo” todo. ¿Cuántas veces has culpado a tu jefe, por no escucharte, colocando sobre sus hombros la responsabilidad del cambio, sin sentarte a revisar las veces que probablemente tu tampoco lo hiciste o, al igual qué él, criticaste su proceder?.

Cuando cumplí 50 años,  hace unos meses atrás, tenía ya un buen tiempo sin trabajo. Me vi obligada a cerrar mi oficina, una decisión que me costó mucho tomar, y que incluso, por momentos me arrepentí de hacerlo. Entré en una fase depresiva, de esas en las que tu mente se adormece, tu creatividad se va de vacaciones, e incluso te encierras para no tener que dar demasiadas explicaciones. Vino mi cumpleaños, y me tocó asumir un número que aún en mi cabeza suena inmensamente grande. Otra vez el miedo, pero esta vez sirvió como combustible para ponerme en movimiento, y decidir ampliar mis horizontes hacia otras áreas, otros países, nuevas actividades y responsabilidades, aunque eso implicara volver a comenzar de cero. Y así fue, unos meses después conseguí la oportunidad de trabajar para una compañía española, que iniciaba su emprendimiento en américa latina. La oferta era de “nivel 0”, y aún así decidí tomarla, mi visión y mi intuición me decían que había en ella un tremendo potencial. Me ha tocado estudiar, prepararme, tener unos meses buenos, otros no tanto, y así ha sido, 6 meses desde entonces, un camino de muchas enseñanzas, que me han mostrado mis verdaderas habilidades y un montón de carencias en las que debo trabajar, ¿y mis ingresos? prácticamente nulos en una economía como la nuestra. Pero me enamoré del proyecto, y mi compromiso y mis ganas de “hacerlo mío” se transformaron en una oportunidad cierta de tener una participación en este negocio, que la verdad, yo ni siquiera esperaba.

Yo creí por mucho tiempo que lo que fluye y nos llega con facilidad es lo que conviene, pero luego, leyendo sobre astrología kármica, me tropecé con algo que me hizo cambiar mi pensamiento. Se supone, que venimos con una misión que cumplir en cada vida si buscamos trascender, y esta misión está determinada por el karma. Nuestras vidas pasadas, en astrología, pueden ser estudiadas a través del “nodo norte”, su ubicación en nuestra carta nos da cuenta de aquellos aprendizajes que traemos en la maleta de otras vidas. Lo interesante de esto es que refieren que todo aquello que se nos hace fácil o nos gusta hacer, es justamente lo que traemos aprendido. Pero si queremos cumplir con nuestro karma y misión de vida, debemos enfocarnos en las cosas que por el contrario, nos cuestan, y nos parecen hasta casi imposibles. Es allí donde encontraremos el trabajo real del alma. Eso me pareció hasta obvio, pero increíblemente hermoso y esperanzador.

Hace unos días vi un video inspirador del actor Will Smith donde le decía a su entrevistador, hablando de la diferencia entre “talento” y “habilidad”: “No existe un modo fácil de hacer las cosas, no importa que tan talentoso seas ….. tu talento va a fallarte si no estás dispuesto …. a trabajar duro eso”. Y luego dio un ejemplo personal contundente, como referencia a su comentario de no ser realmente una persona “talentosa”:

“Yo no tengo miedo de morir en una cinta de correr. Si tu yo no montamos va a pasar  una de dos cosas, o tú te paras primero, o yo moriré corriendo. “

Y yo le agregaría: El mejor talento es la habilidad para crearlo.

Y las oportunidades también, allí están, por montones, queda en nosotros tener el valor de apostar por ellas.

Antes, me excusaba como otros, en la ley del menor esfuerzo para no tener que modificar mi “statu quo”, ahora, miro mis obstáculos como las oportunidades que son para reinventarme. Y es que la vida es así, nada es estático, hemos sido nosotros los que hemos querido ponerles cadenas  a ver si se queda quieta un rato.

Cierro mi reflexión con dos frases:

Una de la cantante de ópera Beverly Sills dijo: “No hay atajo para llegar a cualquier lugar que valga la pena ir.”

La otra, del escritor Ernie J. Zelinski: “Cuando la oportunidad toque tu puerta usted debe estar en casa.” (**)

Fotografía: https://www.flickr.com/photos/spacexphotos/

(*) Anthony Robbins.

(**)101 cosas que ya sabes, pero siempre olvida, por Ernie J. Zelinski

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