Central eléctrica en Australia depende de las olas

Frente a la costa de Australia Occidental, tres boyas parecen medusas gigantes atadas al fondo del mar. Estas máquinas de acero, de once metros de ancho, son zarandeadas por las olas del Océano Índico. Con el movimiento de las olas, generan alrededor del 5 por ciento de la electricidad usada en una base militar cercana, en la Isla Garden.

Las boyas son un proyecto piloto de Carnegie Wave Energy, compañía australiana. En febrero, las boyas comenzaron a suministrar 240 kilowatts cada una a la red eléctrica en la base naval HMAS Stirling. También ayudan a abastecer de energía a una planta desalinizadora que provee parte del suministro de agua dulce de la base.

La energía renovable no es urgente en Australia, pero la demostración es a naciones isleñas que deben importar combustible, así como a bases militares que buscan reforzar la seguridad. “Las naciones isleñas buscan ser sustentables”, dijo Michael Ottaviano, director de Carnegie. La energía undimotriz o de las olas podría servir bien, particularmente donde las nubes tropicales impiden la energía solar.

En las últimas dos décadas, las compañías han desarrollado diferentes diseños, entre ellos un aparato parecido a una víbora, de Pelamis Wave Power, empresa escocesa que conectó energía de las olas a la red eléctrica en 2004; un dispositivo similar a un tubo de Ocean Power Technologies, en Nueva Jersey, y boyas de AWS Ocean Energy, de Escocia. Pero la energía undimotriz sigue siendo en gran medida experimental. El equipo es dañado fácilmente por olas y tormentas fuertes. Pelamis quebró el año pasado, y Aquamarine Power anunció planes de recortar empleos.

“Cualquier producto de generación de energía es intensivo en capital, probar una idea cuesta millones de dólares”, expresó Ottaviano. Las tecnologías energéticas que son comunes hoy, como la energía nuclear, fueron desarrolladas para uso comercial con apoyo gubernamental, dijo. El proyecto piloto de Carnegie, llamado Ceto 5, empezó con más de 30 millones de dólares en financiamiento de inversionistas y del gobierno australiano. Carnegie ha invertido más de 100 millones de dólares en su tecnología de las olas desde 1999.

Para luchar contra los elementos, sus boyas quedan bajo el agua. Esto ayuda a proteger el equipo del embate de las olas. El balanceo constante del océano acciona bombas hidráulicas que empujan agua del mar a través de un tubo a una planta eléctrica a unos tres kilómetros, en la Isla Garden. Allí, el agua a alta presión hace girar turbinas, que propulsan un generador. La energía de las boyas también bombea agua a alta presión a través de la planta de desalinización.

Carnegie planea usar boyas más grandes en 2017 que podrían generar un megawatt cada una. La nueva tecnología, Ceto 6, usaría boyas de 20 metros de ancho instaladas en aguas más profundas, donde las olas son más grandes y tienen más energía. Se prevé que genere 30 a 40 por ciento de la electricidad de la base.

“Lo que se necesita es una estrategia de energía undimotriz bien pensada por los gobiernos, pero que ningún país ha formulado hasta la fecha”, dijo Tom Thorpe, fundador de la firma británica Oxford Oceanics, y quien tiene una reputación internacional como fuente autorizada e independiente de consultoría en todos los aspectos de la energía de las olas y de las mareas. Oxford Oceanics se fundó en 2002 para proveer asesoría técnica, económica y estratégica a agencias internacionales, gobiernos, empresas de energía, instituciones de inversión y desarrolladores de tecnología.

Fuentes:

Créditos fotográficos:

  • flickr.com/photos/fotosderweltcom/5670375584/ (a wave in Tenerife, Creative Commons)
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