Un relato sobre el GREXIT

Pasada la tormenta, la crisis griega dejó de ser primera página en los diarios. Varoufakis y Tsipras dimitieron y Grecia recibió un nuevo préstamo bajo nuevas condiciones de ajuste. Ese desastre económico y político que la victoria del “NO” (OXI) en el referéndum del 5 de Julio habría causado, no se dio. Sin ninguna intención de quitarle al drama griego su importancia en términos económicos, políticos y sociales, sobre todo en cuanto respecta la legitimidad de la Unión Europea, es innegable que aquella llamada al fin del mundo terminó siendo poco más que una tormenta de verano. Violenta, con truenos y relámpagos, árboles caídos… pero al fin y al cabo superable.

Surge natural entonces preguntarse porque nos esperábamos una catástrofe. Nos imaginábamos que con la victoria del “OXI” Grecia iba a salir del Euro y la UE iba a venirse para abajo. Con el ejemplo de Syriza los partidos disidentes de derecha e izquierda aumentarían su fuerza, y quien sabe, Escocia y Cataluña declararían su independencia. La Gran Bretaña (lo que quedaría) se retiraría otra vez a su histórico desprecio hacia el continente y ese gran experimento que es la Unión Europea habría llegado a su fin. Aunque parezca un poco excesivo, esa era la cronología sencilla que hacían nuestras mentes. Para los europeos, ese era el miedo intrínseco que el GREXIT invocaba: si Grecia sale del euro, no hay más euro.

Pero, ¿por qué todos dimos por supuesta esa conexión definitiva entre el NO de Grecia y el derrumbe del Euro?

A partir de 2008, encontrándose en una crisis de deuda externa junto con la mayoría de los  países del Mediterráneo Europeo, Grecia no pudo hacer frente a las severas políticas de ajuste requeridas por el Parlamento Europeo y los estados más estables. Año tras año, “salvataje” tras salvataje, Grecia pudo seguir adelante sin caer en default, aunque con una situación de recesión cada vez más grave que además de impedir la recuperación económica del país, hizo desaparecer la esperanza de los ciudadanos en la efectividad del “ajuste”. Desde el país helénico, y junto a los otros más afectados por las políticas económicas restrictivas (Italia, España, Portugal e Irlanda) empezaron las críticas a la “Troika” y a las naciones del norte europeo con poder de liderazgo. Las soluciones alternativas que se pedían, nunca llegaron.

Entre 2008 y 2015 la mayoría de los países deudores lograron mantener la estabilidad suficiente para empezar a recuperarse, mientras que Grecia se fue hundiendo cada vez más en lo profundo. Tras una serie de crisis de representación política Alexis Tsipras fue elegido Primer Ministro por el partido de izquierda Syriza, prometiendo aliviar los efectos del ajuste y levantando una ola de esperanza no solo entre los griegos, sino también entre los ciudadanos de todos los países que más habían sufrido la crisis.

Lamentablemente, a principios de este año Tsipras no logró obtener otra prorroga al pago de una de las cuotas que se debían al FMI y a la BCE. Pocos días antes de que vencieran los plazos establecidos, la UE propuso un nuevo plan con duras condiciones de ajuste, que según el gabinete griego habrían paralizado aún más el país. Tsipras, fuerte también por el apoyo de sus ciudadanos, llamó al famoso referéndum.

Con la victoria del “SI” no iba a haber ningún problema. Se aceptaban las duras medidas de ajuste económico, Europa y los países más estables (y los que menos también) se quedaban más tranquilos y otra vez los líderes europeos podían decir haber resuelto exitosamente una situación peligrosa. La victoria del “SI” significaba apaciguar las malas lenguas que hablaban de falta de integración y cooperación, de una política hecha desde los fuertes a favor de ellos mismos y en detrimento de los más débiles. Sustancialmente, significaba devolverle legitimidad a la Unión Europea y al liderazgo alemán.

Casi como abanderado de esta campaña, el duro Ministro de Finanza alemán Wolfgang Schäuble de 72 años. Acérrimo defensor de las normas de la eurozona, fue el encargado de manejar la cuestión de la crisis griega en los últimos años. Durante las reuniones del Eurogrupo, fue él quien propuso que ante su insolvencia, Grecia saliera temporalmente de la eurozona con el objetivo de aliviar su situación y poder entonces negociar en otros términos. Aunque esta propuesta se haya expresado con claridad solamente después del referéndum en una reunión extraordinaria del 11 de Julio, anteriormente numerosas personalidades como Schäuble, Mario Draghi (Presidente BCE), Jean-Claude Juncker (actual Presidente de la Comisión Europea) y también Matteo Renzi y Mariano Rajoy (Jefes de Gobierno respectivamente de Italia y España), dieron a entender públicamente que con la victoria del OXI, el GREXIT era una posibilidad concreta y efectiva.

La opinión publica también tuvo un rol central en la definición de este relato. En una nota del diario alemán “Die Welt” se aduce que mirando a su historia, los griegos no pueden ser considerados europeos y que siempre han actuado en contra de la estabilidad del continente obtenida luego del Congreso de Viena de 1815. También el medio populista “Bild” daba por cierto que Angela Merkel había cedido bajo la presión de los más conservadores a favor de una salida de Grecia.

En este afán de re-encontrar la unidad perdida y la legitimidad del liderazgo alemán se explica entonces la extensa campaña impulsada por las grandes personalidades de la UE en contra del OXI: con la victoria de la negativa griega, el país helénico inevitablemente habría salido del Euro, demostrando así la derrota de la moneda única y por consiguiente del proyecto político de la Unión. Así, se dio vida al terrorífico monstruo del GREXIT.

La presión de los medios se hizo sentir aun más: según lo publicado en la versión español del “Deustche Welle” diversos diarios como el “Frankfurter Allgemeine” sostenían que con el OXI para los griegos habría sido difícil realizar transferencias bancarias, conseguir medicamentos y alimentos en los supermercados. Descripción tras descripción de los tremendos efectos sobre la vida cotidiana que este resultado habría causado, se apelaba al significado político de aquel “NO” como un rechazo hacia Europa. Significativos en tal sentido fueron los titulares de los diarios españoles cuando el resultado del referéndum ya era público: “La Razón” titula “Sin oxígeno. Grecia da un “no” a la UE”, “El Mundo” y “La Vanguardia” enfatizan “Grecia dice “No” a Europa” y el diario “ABC” declara “Grecia venga su ruina con un “no” a Europa”. Así mismo, los efectos sobre el liderazgo alemán se hicieron sentir. Los ya mencionados “Bild” y “Die Welt”, declararon la derrota de Angela Merkel culpándola por sus intentos pocos fructíferos para concientizar acerca de los peligros del NO, a la vez que hablaban de una humillación ante Tsipras.

El punto de vista en Argentina y América Latina no es muy diferente. Esto no sorprende, ya que la prensa de nuestro continente hace referencia a los principales medios de comunicación masivos europeos, que a su vez se encuentran sujetos a una élite política y económica que lejos de ser afectada por las medidas de austeridad impuestas a Europa, se vio beneficiada por la compra de empresas estatales que los distintos gobiernos griegos pusieron a la venta para achicar el gasto público.

En conclusión, aunque no podamos hablar en términos de una conspiración operada por los líderes europeos y la prensa en contra del referéndum y en desprestigio de la política de Tsipras, figurado como un gobernante inexperto que llevaría su país hacia la ruina; también es innegable que hubo un discurso construido y orientado a que la opinión pública mundial presionara los ciudadanos griegos a votar “SI” bajo la amenaza de su salida del euro, pero también de ser los culpables intrínsecos de la derrota de la legitimidad de la UE.

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