Errores Argentinos, nueva oportunidad para aprender

No hace muchos años la Argentina era un ejemplo de lo bien que las políticas económicas heterodoxas  -significa que están en contra de la doctrina tradicional- respondían para elevar a un país de un estado crítico, como el que vivía en 2001, a una situación de auge vigoroso.

Hoy la situación es muy distinta y la economía se muestra estancada, muchas de las políticas que sirvieron para lograr la recuperación se mantuvieron y deformaron en el tiempo transformándolas en verdaderas armas de doble filo.

A fines de los noventa el mundo del neoliberalismo parecía darle la espalda a los países emergentes, los dólares abundantes se refugiaban en las economías centrales, los precios de los commodities eran bajos y muchas de las ideas imperantes en el consenso de Washington habían mostrado no conducir a los resultados prometidos. La Argentina que había iniciado un feroz proceso de apertura económica, al igual que muchos otros países, se veía afectada además por una paridad cambiaria fija con el dólar, que no hacía más que socavar la competitividad de la economía y obligaba a endeudarse de manera sistemática para poder sostenerla.

Argentina intentó por todos los medios continuar con este modelo a pesar de que ya muchos países lo habían abandonado un par de años antes y aceptó las demandas del FMI casi sin protestar, en medio de una feroz crisis económica se realizaron políticas de ajuste que sólo sirvieron para que esta se profundizara.

La década del noventa dejó varias enseñanzas para los economistas argentinos, si bien se evitó el problema crónico de la inflación, se logró a base a un endeudamiento externo el cual aun hoy es responsable en parte de los déficits públicos. Además las políticas liberales en el comercio exterior, conjugada a un tipo de cambio mayor que el óptimo para una economía como la Argentina terminaron por destruir buena parte del entramado industrial nacional, algunas empresas pudieron sobrevivir esos años con grandes dificultades postergando inversiones y produciendo sólo lo necesario. Sobre fines de los noventa se dieron dos circunstancias que terminarían de sentenciar la suerte del país,  el fin del dinero abundante que corría a las economías emergentes y una ola de devaluaciones de varias monedas, esto volvía aun menos competitiva a la producción nacional de lo que era y aumentaba las expectativas de una devaluación del peso por lo que las inversiones se volvían más riesgosas.

No sólo Argentina cambió después de 2001, el mundo también lo hizo. Por el lado del país austral se rompió la paridad cambiaria, la devaluación dio aire a las industrias que podían dedicarse a abastecer la economía doméstica y por otro lado aliviaba las cuentas del estado licuando salarios, mientras los impuestos se incrementaban por los aumentos nominales de los precios. Sin embargo los grandes espaldarazos para la recuperación provienen primero del default anunciado por Rodriguez Saá, quien fue presidente por algunos días en medio de aquel caos institucional donde se sucedieron cinco presidentes en una semana. El default permitió a la Argentina evitar el pago de la deuda, responsable de la salida de divisas del país y del ahorcamiento de las cuentas públicas que no permitían impulsar el gasto para estimular la economía.  Pero lo más importante para la rápida recuperación del país fue el “viento de cola” que el mundo le dio a las economías en desarrollo, el cual hoy parece haber sido desaprovechado.

Este “viento de cola” refiere al cambio en las condiciones internacionales, que se volvieron más favorables para los países emergentes. Como ya dijimos a fines de los noventa los capitales se refugiaban en las economías desarrolladas, esto se modificó luego de los primeros años del nuevo milenio. Los inversores volvieron a buscar las mayores tasas de ganancia en algunos países que mostraban buenas proyecciones.

 China es sin duda la clave de este crecimiento de las economías emergentes, primero se volvió un receptor de fondos que eran usados para apuntalar el desarrollo económico pero a medida que este país crecía a tasas del 8% anual, cada vez demandaba más materias primas, alimentos, minerales, combustibles, año tras año la demanda iba en aumento.

La presión sobre los commodities elevó los precios internacionales de estos bienes producidos principalmente en los países no centrales. India, Rusia, Brasil y varios más se vieron beneficiados por este nuevo escenario y rápidamente comenzaron también a recibir inversores, el flujo era tal que se desarrollaron rápidamente mercado de valores en estas economías. Este proceso se vio reforzado en 2008 con el estallido de la crisis subprime, el dinero se refugiaba en las materias primas a medida que el dólar se debilitaba como moneda, si a fines de los noventas los capitales se protegían en Estados Unidos en estos años salieron en busca de mejores negocios alrededor del mundo.

La Argentina en ese contexto tuvo suerte a medias, el precio de la soja la principal exportación del país alcanzó valores inimaginables, al tiempo que se consolidó como el principal cultivo. Oferta y demanda aumentaban constantemente y los precisos seguían incrementándose. Por otro lado, el país quedó afuera en gran medida de la lluvia de inversiones debido a haber realizado el default, esto eleva el costo de endeudarse y vuelve menos atractivos los créditos externos. Argentina aun hoy tiene problemas con esta renegociación de la deuda, en gran medida producto de la lógica despiadada e insensata por momentos, del sistema financiero internacional.

Así y todo el default no era tan malo, al no tener que pagar los reintegros a los préstamos se pudo lograr algunos años de superávit fiscal que permitió incrementar las reservas de Banco Central.

En 2003 Néstor Kirchner obtiene la presidencia con el apoyo de Eduardo Duhalde -quien ocupó la presidencia desde 2001- y continúa con buena parte de su gabinete incluido el ministro de economía Roberto Lavagna. Las claves en aquellos años son los superávit comercial y fiscal junto a una política económica ordenada y el estimulo al mercado doméstico para guiar la recuperación.

Esta idea de estimular la demanda para impulsar a la economía, no es más que recuperar las ideas keynesianas de postguerra, sin embargo en el contexto actual significó romper con las ideas dominantes, decirle no al FMI en buena parte. Esta situación fue la que le permitió al país ser elogiado por su recuperación “aislada” del resto del mundo, por economistas internacionales reconocidos como Krugman y Stiglitz.

Pero podríamos decir que la Argentina se encantó tanto de los resultados de sus políticas de impulso al consumo que terminó por abusar de estas. Una vez consolidado en el poder el Kirchnerismo armó gabinetes a su gusto y uso los recursos del estado para afianzar cada vez más el respaldo social. El estado comienza a aumentar sus gastos, políticas de subsidios, incremento del empleo público y atraso cambiario son las herramientas principales, el endeudamiento externo se remplaza por interno y por emisión de dinero, la inflación volvió a transformarse en un problema y la gente a refugiarse en el dólar.

Hoy la economía argentina enfrenta graves dificultades, el estancamiento económico es evidente, salvo para las autoridades que manipulan las estadísticas a su favor pareciendo vivir otra realidad. El país lejos está de vivir una crisis como fue la de 2001 en donde el producto cayó sólo ese año un 12%, sin embargo se siente la desaceleración en una economía que no fue acostumbrada a ajustarse el cinturón en más de una década.

El viento cambió de dirección, ya no sopla a favor de las economías emergentes si no que en estos momentos parece golpearlas de frente. El dólar esta fuerte y el temor a la suba de los intereses hace a los inversores volver a refugiarse en la divisa americana, China pierde robustez y si bien sigue creciendo a tasas importantes no alcanzan para mantener el crecimiento mundial, además que comienzan a crecer los rumores de sobreestimaciones en los datos de desempeño económico. La conjunción de estos fenómenos -dólar fuerte y caída de la demanda China- tiran a la baja los precios de todos los commodities, el caso del petróleo es emblemático en medio de la crisis de 2008 estaba en U$S 147 dólares y hoy está en U$S 43, la caída aquí también responde a un aumento importante de la oferta derivada de petróleo no convencional, todos los análisis concuerdan que al menos durante los próximos cinco años los precios de las materias primas permanecerán en los niveles que hoy observamos.

Argentina suma problemas, la caída de China no la afecta únicamente de manera directa si no que el daño es doble, Brasil el principal socio comercial sufre fuertemente la desaceleración de la economía asiática, que llega en un momento de fuertes acusaciones de corrupción al PT al frente del ejecutivo desde 2003.

 La devaluación del Real, en sintonía con las de las monedas de China, Rusia y del Euro  -además de varias otras de menor peso-, atenta contra la ya débil competitividad Argentina que se niega a devaluar el peso, llegando a un nivel de atraso cambiario similar al de los noventa. Esta negativa deviene en que devaluar significa empobrecer a los consumidores nacionales en términos de moneda extranjera,  mientras tanto al abaratarse los productos fabricados en el exterior -y encarecerse lo producido en el país- cada vez se demandan más importaciones y al estar “barato” el dólar, los argentinos de clase media y alta aprovechan para vacacionar en Europa, Estados Unidos y el Caribe, comportamiento típico de las épocas de atraso cambiario.

En este contexto se llega a un nuevo cambio presidencial en la Argentina, si bien tampoco es la situación más caótica, es seguro que el próximo mandatario tendrá que llevar adelante algunas medidas impopulares que vienen retrasándose. La devaluación es una de ellas, hoy el gobierno mantiene un tipo de cambio artificial y les da a las personas e importadores divisas a cuenta gotas, mientras tanto aparecen otras formas de obtener dólares a precios más elevados lo que convalida la idea de la devaluación.

Otra tarea que deberá ponerse en el hombro el próximo presidente, es el tema de los subsidios los cuales distorsionan los precios internos y hacen al estado gastar miles de millones de pesos al año, esta medida repercutirá sobre los salarios de los trabajadores, por lo que se vuelve un tema sensible.

Estos ajustes deberán hacerse en un contexto más dificultoso a comparación de unos años atrás, la exportación de soja dejará menos divisas y la inflación ha generado mecanismos de indexación que pueden complicar el intento de normalizar precios y tarifas. Lo que deja ver el caso argentino de la última década, es como prolongar el ajuste y el no tener visiones de largo plazo termina en situaciones cada vez más complejas de desactivar.

La esperanza para el próximo presidente de poder llevar una transición medianamente tranquila, es poder desactivar por fin los problemas internacionales que mantiene al país alejado de los mercados de créditos, y usar esos  préstamos para dar tranquilidad monetaria para que se realicen las inversiones postergadas. El grave problema de esta medida es que todo indica que la Argentina saldría a buscar financiamiento externo en el momento más desfavorable de los últimos años.

Los errores cometidos en la última década por las autoridades del país pueden resumirse en:

Exceso de confianza en el consumo: La interpretación un tanto liviana de la teoría keynesiana, y la falta de análisis de la historia posterior, llevaron al convencimiento de las autoridades que el consumo por si solo desarrollaría la economía. La consolidación del mercado doméstico es un punto clave para llegar a ser un país consolidado pero es este el fin más que el medio para conseguirlo.

No es la primera vez en la Argentina que se han llevado adelante políticas de este tipo, siempre termina apareciendo faltante de inversión que desencadenan un problema inflacionario. Los industriales nacionales son reacios a invertir y el gobierno ve al consumo como estímulo suficiente para que estos cambien su comportamiento.

Inflación: Todas las economías del mundo soportan cierta inflación, la tarea de las autoridades es mantener esta en valores controlados, dado que si se dispara genera graves problemas en la fijación de precios.

En Economía podríamos decir que hay dos formas de ordenarla, una es una organización central, un asignado que fija los precios de los bienes y servicios. La otra que es la que vivimos prácticamente todos los países del mundo, es a través del mercado el cual tiene la capacidad de asignar “eficientemente” -no quiere decir que sea justa-. En un sistema de mercado la inflación dificulta este proceso de asignación, eleva las imperfecciones y la incertidumbre, aumentando el grado de especulación.

La Argentina es un país en donde la inflación alta es algo normal, esto hace que las personas hayan adoptado ciertas costumbres que son contraproducentes para la economía, como la demanda de dólares, la adopción de prácticas indexatorias en contratos, la especulación  monetaria, etc.

Predominio del corto plazo: Las medidas que se tomaron fueron para solucionar coyunturas, primó más los réditos políticos que pensar estrategias a largo plazo. El fomento del consumo se traduce más rápidamente en aceptación que realizar inversiones que demandarán varios años en dar los resultados esperados.

Mala lectura internacional: Las autoridades siempre tuvieron una visión particular en este sentido, optaron por una posición combativa ante ciertos actores internacionales, útiles para construir una imagen interna de defensa de los intereses nacionales. Sin embargo algunas posturas fueron llevadas muy adelante y se mostró falta de interés de resolver el conflicto de la deuda defaultiada.

Si bien es cierto que falta una legislación justa para los empréstitos a los países, también lo es el hecho que faltó capacidad política para llevar adelante negociaciones que fueran menos perjudiciales para el país y le permitieran reingresar a los mercados crediticios hace algunos años cuando las tasas eran bajas y no en un escenario más difícil como el que viene.

Además, si escuchamos a las autoridades, siempre se menospreció esta idea de viento de cola, por lo que pensar en generar fondos anticíclicos o en qué gastar de manera más productiva los ingresos extraordinarios de los commodities, era imposible.

Problemas cambiarios: El problema del tipo de cambio es uno de los más analizados por los economistas nacionales y del cual aun no se ha encontrado una solución estable en el tiempo.

El kirchnerismo (como ya había pasado en otras oportunidades en el país) decidió llevar adelante una política de atraso del tipo de cambio, permite tener salarios más elevados en dólares otorgando mayor poder adquisitivo a los trabajadores. Esto trae aparejados dos problemas, primero encarece el costo de la mano de obra volviendo menos competitiva a la industria. Segundo, los salarios más altos no elevan la demanda de bienes domésticos, por el contrario, incrementa la importación de bienes desde el exterior, por ende esta política en vez de contribuir a la industria nacional la contrae.

Además el tipo de cambio apreciado es un problema para las economías regionales que necesitan un tipo de cambio alto para poder ser competitivas internacionalmente. Una política de este tipo debe implicar subsidios complementarios para defender la producción nacional.

Subsidios: Después de 2001, producto de la devaluación, el gobierno comenzó a subsidiar las tarifas de los servicios públicos con el fin de evitar traslados a los precios. Estos subsidios se mantuvieron en el tiempo generando profundas distorsiones y aumentando exponencialmente -a causa de la inflación- el déficit del estado.

Esta política discriminada hace que por ejemplo el precio de la luz, gas y transporte sean muy desparejo en todo el país llegando a favorecer inclusive a sectores de altos ingresos de Buenos Aires.

La Argentina se encuentra frente al desafío de retomar el crecimiento en un escenario donde “el viento de cola”, que la favoreció estos años, ya no será tal. No será una tarea fácil pero tampoco imposible lograr cierta estabilidad económica perdida.

El gobierno actual nombró a estos años como “la década ganada”, si bien tuvo muchos triunfos también tuvo puntos grises y cuestionables. Estos años pueden llegar a ser recordado como una nueva “década desaprovechada” para la Argentina. Los precios de los commodities, podrían haber sido utilizados para desarrollar una industria más sólida, capaz de colocar su producción a distintas economías de la región, sin embargo el gobierno prefirió una política de consumo, mucho más redituable en el corto plazo de la política y de la sociedad moderna.

La bandera de Brasil tiene una frase, la cual deriva de la idea positivista de Comte  -sociólogo francés del siglo XIX-, “Orden y Progreso”. La Argentina ha vivido una rica historia sesgada por el desorden institucional y social, esto puede ser una de las causas por las que este país, que cuenta con recursos naturales y humanos suficientes para ser una economía más desarrollada no logre hacerlo. Ya con treinta años de democracia es momento de lograr un mayor orden en la idea y políticas llevadas adelante.

 Fuentes:

http://www.iprofesional.com/notas/26882-Fin-de-ciclo-viento-de-frente-se-cumple-la-profeca-de-Cristina-y-el-mundo-empieza-a-soplar-contra-la-Argentina

Imagen: www.flickr.com Greta Ceresini

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