Permacultura, el tiempo de una cultura natural

Una investigación reciente de la Organización de los alimentos y la agricultura (FAO) ha establecido que en los últimos cincuenta años el grado de emisión de dióxido de carbono por la actividad agrícola, forestal y pesquera se ha duplicado estimando que para el año 2050 aumentará un 30% más.

Tomando en cuenta un estudio del año 2011, la mayor cantidad de emisión de gases de efecto invernadero por el sistema de agricultura se produjo en Asia con un 44%, luego le sigue América con el 25%, África con el 15%, Europa con el 12% y Oceanía con el 4%.

En función de los datos, es interesante visualizar cuáles son las respuestas que los países brindan al analizar estos indefectibles hechos; algunos de ellos a partir de soluciones que aparecen en la esfera de las organizaciones de la sociedad civil y otros implementando leyes que se traducen en políticas públicas.

La permacultura es una de las alternativas que se viene desarrollando desde el año 1970 a partir de las investigaciones de Bill Mollison y David Holmgren, dos ecologistas australianos, y que estos últimos años está teniendo gran repercusión. Esta agricultura permanente no solamente implica una nueva manera de concebir la forma de cultivar sino también la introducción de una nueva cultura, una nueva filosofía de trabajar con la naturaleza basada en gran parte en la idea de Masanobu Fukuoka de agricultura natural.

La permacultura se basa en diseñar un ecosistema en donde convivan los seres humanos, las plantas y los animales reutilizando al máximo los recursos. Se asienta en la idea de implementar un método que permita generar una mayor capa vegetal en los suelos manteniéndolos fértiles de manera permanente y natural. Quizás al principio nos parezca un tanto utópica esta idea, pero ha sido implementada en muchos lugares y con gran éxito.

El proyecto Beacon Food Forest de Seattle, Estados Unidos, es uno de los ejemplos de esta solución. Un bosque comestible diseñado para generar el máximo de alimentos con un mínimo de manutención.

La forma en que la permacultura plantea el cultivo incentivó a repensar no solamente las cuestiones relacionadas con el medio ambiente sino también a plasmarlo en lo que se denomina permacultura urbana promoviendo la agricultura en las ciudades y generando alimentos de manera natural.

Un ejemplo de esta alternativa es el Programa Patio Saludable incentivado por el propio gobierno de Nicaragua como respuesta para mitigar los efectos de la crisis alimentaria en la cual se plantaron 76.728 patios y junto con ello un plan de capacitación para que las familias puedan aprender las técnicas de cultivo.

En Belo Horizonte, Brasil, se desarrolla un programa de cultivo en las ciudades cuyo eje principal fue comenzar el proceso en las huertas escolares.

Todos estos casos comienzan a formar parte de una red en la cual se cruzan el desarrollo sustentable, la educación y mejores prácticas de seguridad alimentaria. Quizás este sea el momento de amigarse con la naturaleza, de “…trabajar juntos con la naturaleza y no en contra, de observar prolongadamente y atentamente en lugar de trabajar mucho y descuidadamente, de considerar las plantas y los animales en todas sus funciones en lugar de tratar a los elementos como sistemas de un solo producto” – Masanobu Fukuoka.

Fuente: Agriculture’s greenhouse gas emissions on the rice,  Artículo de Food and Agriculture Organization of The United Nations, 2014

Fuente: El secreto de cinco ciudades latinas que lideran en agricultura urbana, Revista El Definido, 2014

Créditos fotográficos: https://www.flickr.com/photos/fille-des-trois/6139135114

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